nuestra historia

¿Qué tiene que ver un gato con una granola?

En realidad, bastante. Gato Zen nació de una idea simple: hacer algo rico, jugar con el proceso y disfrutar un poco más de las cosas que hacemos.

No había un gran plan ni una fórmula secreta. Había una cocina, ingredientes, ganas de probar y muchas tandas después, una granola que nos encantaba.Y en medio de todo eso estaba él: El Patán.

el patán

El gato que nos dio el nombre

El Patán, es mi gato, tiene una forma bastante particular de hacer las cosas: curiosea cuando quiere, juega cuando quiere, se queda mirando por la ventana porque sí. Se toma su tiempo, y cuando encuentra un lugar cómodo, simplemente se queda ahí. No parece preguntarse si debería estar haciendo algo más.

Y quizás de eso se trata Gato Zen, de recordar que no todo tiene que ser productivo, perfecto o urgente. Que una mañana puede ser solo una mañana. Que un desayuno puede ser solo algo rico. Que también podemos hacer cosas porque nos gustan.

el proceso

Así hacemos Gato Zen

Por eso nuestra granola también se hace así: con tiempo, curiosidad y ganas de que quede muy rica. Elegimos buenos ingredientes, mezclamos, tostamos en pequeños lotes y esperamos ese punto doradito y crocante que nos gusta. Probamos. Ajustamos. Volvemos a probar. Porque parte de hacer algo rico también está en disfrutar cómo llegamos ahí.

el patán

Y bueno, ¿qué tiene que ver una granola con un gato?

Quizás la granola es la excusa. El gato es la actitud. Gato Zen es una invitación a bajar un cambio, disfrutar lo que tienes delante y dejar que las cosas buenas también pasen porque sí.

Una granola artesanal, bien tostada y con muuuuuchos frutos secos. Como le gusta al Patán.